domingo, 22 de enero de 2017

Allí juego y siempre gano, de S Pressacco





Si quieres
puedes sentarte en la butaca cómoda
que ofrece la rutina,
estrujar el pañuelo desgastado de planes
que no tienen futuro

o puedes desprenderte del cemento
y ser una partícula escapada
de lo común.

Si quieres encontrarme, últimamente estoy
en un paréntesis que nunca cierro
por temor a perder el candado y la llave
del único rincón en donde elijo
ser tranquila, sensible y hasta débil.

Su horizonte seduce, atrapa y lleva
no importa si es desnuda
porque ahí no hay más ojos que los míos
y las ventanas dan hacia mi adentro,
allí el tiempo fallece
mientras brotan preguntas
que se montan en curvas repetidas
para indagar mi centro.

Es frontera espinosa para otros,
un soldado celoso que dispara
contra las amenazas invasivas
que pretenden quedarse
con mis cristales rosas.

Allí encuentro una pausa con puntos suspensivos,
brotes de ideas locas o cómplices silencios
y sus muros, que tienen mil fórmulas pintadas,
mantienen indelebles
los cálculos mal hechos en mi vida
-que corrijo de a poco-
las culpas en monomios de infinitas potencias
-que como son adultas ya no crecen-
y un polinomio largo de esperanza
sin bucles retorcidos.

Desde ese espacio único
vi como el trompo que giraba siempre
sobre la izquierda de mis coordenadas
padeció una caída colosal
y ya no duele.

Ven,
ahí podemos ser
tú y yo.