jueves, 26 de mayo de 2016

Domingos de azúcar, de S Pressacco

Mother and daughter making apple pie together grandmother check recipe Stock Photo - 12758325


Era un olor dulce 
el de los domingos por la mañana,

un olor 
que embriagaba los rincones húmedos
y trepaba por los revoques viejos
para llegar al cielo de la casa.

Eran mañanas de calentador y pava quejosa,

de rondas sin silencios
bajo un foquito solitario
que dibujaba sombras 
sobre la mesa de harina.

Siempre teníamos guantes de engrudo
cuando el invierno 
se asomaba por las ventanas
y hacía resbalar su llanto.

El azúcar,

la risa 

eran comodines en los juegos de yerba y menta

entre canela y manzanas.


Eran domingos de encuentros,

domingos de familia,

de compartir
- fuera lo que fuera-

Eran aromas 
de domingos caseros.



domingo, 22 de mayo de 2016

Ya está!, de S Pressacco

Imagen de abandoned and old




Nuestra memoria siempre discrimina
amigos y enemigos de emociones,

elige qué traer y qué dejar 
mientras construye grandes monolitos o tumbas
y su dedo censura o magnifica.

Enreda nuestros pies en lo vivido 
y en lo vivido a medias,

nos muestra las raíces de los miedos
o semillas y brotes olvidados

y también pinta cuadros
de siembras y cosechas 
únicas y felices.

Pensando en positivo 
queda un cuarto de vida,
sigamos adelante
sin ojos de reproches en la nuca.

¡Ya está!

Es imposible ver otro horizonte
si solo se contemplan fotos viejas.

sábado, 14 de mayo de 2016

Hacia adentro, de S Pressacco



Caminatas internas


A veces pienso que el camino hacia mi adentro no tiene fin porque cada vez son más los escalones que llevan a un fondo que no vislumbro.

El trayecto es confuso, tiene paredes y recovecos que desconozco, puertas clausuradas por el miedo y pequeñas ventanas que filtran algo de luz después de lograr arrancar las costras fabricadas por mi memoria. Contengo una cárcel habitada por monstruos muy antiguos que escupen reproches irónicos y no aceptan treguas. Creo que nunca podré liberarlos porque se reproducen como clones, todos tienen la misma cara cuando me clavan sus ojos y la misma lengua cuando pronuncian su verdad. 

Debo admitir también que en esas caminatas internas encontré pasillos de fácil y agradable deslizamiento. Saber que existen tal vez sea el motivo por el que regreso a mirarme desde la sangre.

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Así sobrevivo



Cada vez que intento dibujar palabras en un papel o sueño en los renglones de un libro me convierto en un ser demasiado sensible. Yo, que nunca perdí tiempo para escucharme, hurgo los calabozos con un lápiz mientras la niña que fui canta triste el estribillo de los sueños. 

Sé que soy masoquista en mi descubrimiento pero así sobrevivo. Necesito ser emoción desnuda, parir versos en horas robadas a esa que no quiero, a esa que no ve si no cierra los párpados para encontrarse consigo.


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Terminar con mis paradigmas



No puedo acudir a mis viejos ideales cuando fueron ellos precisamente los que me llevaron a una crisis. No puedo creer que esta vez serán eficaces y lograrán lo que antes no pudieron. 

Tengo que abrir mi mente a nuevas posibilidades porque de lo contrario estoy aferrada a una locura, al latido de suposiciones que agonizan.

Si los milagros son imposibles entonces debo encontrar la manera de construirlos, de propiciar una inseminación artificial para que nazca lo que deseo. El primer paso será apelar a esa mole destructiva que conforma la realidad y dejar que triture todos mis paradigmas, esos que siempre usé de escudo y ahora me hacen poner en el lugar de una víctima mal defendida, en víctima de mi misma.

Sé que es momento de generar una revolución en mi mundo, un vuelco “patas para arriba” , aceptar de una vez que el pasado no se resuelve –es incompatible- y que lo único que puede sorprenderme es el futuro.

Mi último plan será terminar con los planes.


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Una estalactita más


El universo esta lleno de estalactitas que respiran, variadas e indiferentes estalactitas que viven por su vocación de ser hielo. Es curioso porque se amontonan pero no se rozan, y si lo hacen es para construir grandes bloques de más frío. 

Vislumbré el filo peligroso de sus lenguas cuando comprendí los códigos de su verdadero idioma. Confieso que fue después de  dedicarles muchas horas de insomnio y rezo a sus historias de víctimas y de verdugos.

Desde un principio, una raya separaba nuestras formas de ser. No la advertí entonces, como tampoco advertí que los ojos inexpresivos estaban atentos a que mis caricias mantuvieran distancia o solo la cruzaran con el afán de recomponer sus egos.

Nunca querré ser una de ellas aunque imite la postura que mantienen en la cueva del mundo, aunque calle ante ellas como no acostumbro hacerlo ante los demás, aunque adivine que me aceptan porque les convengo. Nunca seré una de ellas porque detrás de esa línea que ahora crece para hacerse un muro, hay gente que no vale ni uno solo de mis gestos.

En su paisaje me verán como una estalactita más.

martes, 10 de mayo de 2016

Quería ser mayor, de S Pressacco




Tal vez aquel muchacho 
quería ser mayor
porque el aire sobraba como el tiempo
y confundía tanta libertad
-tantos impulsos- 

porque le parecía que la vida
estaba afuera 
donde el sol era sol,

un beso no era un sueño

y el paisaje 
-tan distinto al del barrio-
llamaba con sus luces.

Había adrenalina

y ganas, muchas ganas
de sostener las riendas,
de ser pájaro guía,
de demostrar al mundo
en qué fallaba.

Pero nadie avisó
que a esa edad
los ojos se embadurnan de cansancio
porque no hay fórmulas,

las manos se convierten en garras de imposibles
sin tiempo de caricias

y como girasoles 
-gobernados por sombras- 

también renuncian.

No es raro amigo
que añores al muchacho
que dejaste en la esquina,

has cruzado la calle
mientras se ataba los cordones.





La memoria, de S Pressacco




Regresas sin palabras
con esa mirada de loca 
cargada de respuestas
que no quiero preguntarte.

Te instalas en mis huecos
-dueña y señora- 

y revuelves, revuelves,

revuelves solo para confundirme 

porque extraes rápido desde el fondo
eso 
-ya sabes -
eso que duele.

Lo traes risueña entre tus dientes
como una presa 
que llena de orgullo 

y recuestas sobre mí su olor podrido.

Disfutas de ver
cómo sus uñas viejas y endurecidas de rabia
eliminan las costras de mis cicatrices.

Vienes poblada de malas intenciones,
con culpas en una pancarta 

y siempre me encuentras indefensa,

sin una excusa,

sin una simple mentira que me salve

y te contradiga.


jueves, 5 de mayo de 2016

Escapadas, de S Pressacco

                             

Espera,


tal vez pueda asomarse aquella niña
que seguía jugando con las rodillas rotas,

aquella que amasaba fantasías de barro.


Espera
-como lo hago yo-

detrás de la ventana.


Mientras,
dibújame caminos en el vidrio
porque no es suficiente 
mi aliento,

no permitas que borre mi sonrisa
en escenarios grises 

ni olvide caramelos de horizonte.

Espera, 

tal vez el manicomio dé un descanso
y libere locuras del chaleco

que me deja sin aire.

Incendiarios, de S Pressacco




Somos observadores que añoran los incendios,
el oxígeno propio de los fuegos genuinos,
la proyección de sombras sin memoria.

Somos dragones mudos con sed de combustible,
farsantes protectores con cerillas inquietas,

dos románticos tristes que se buscan
para escribir la historia que nunca vivieron.