sábado, 27 de febrero de 2016

Tacha ese momento, de S Pressacco



Yo no quiero pedirte nada de lo que abunda,

ni lágrimas, ni noches, ni siquiera plegarias


porque tengo de eso.

Si hasta siento que hincan sus raíces 
ya dueñas de mi ombligo,

si hasta estoy convencida
de que perdí el olfato de mis manos 
porque ahora permiten que abunde la maleza
en los canteros de mis flores puras

y tampoco se arrancan de los dedos
la pereza que crece.

Yo sí te pediría que regreses mi voz,

que gires este mundo hacia el origen,

que cambies las variables,

descubras qué coeficiente pega

y taches el momento en que el destino
se quedó con las fórmulas


y quemó mi horizonte.

martes, 23 de febrero de 2016

Una pregunta, de S Pressacco







Las olas profanaron nuestra historia
hasta dejarme huérfana 
y la muerte festeja indiferente, 

baila sobre una playa de cenizas.

Solo queda un almendro bañado de nostalgia 
que me regala flores siempre grises
y un clamor desde nidos olvidados;

una buena memoria 
incapaz de abortar los tajos del destino

y un signo de pregunta.

Por qué le permitiste al mar lamer tus huellas
si estabas en la orilla de mi boca.



domingo, 14 de febrero de 2016

Déjame supurar, de S Pressacco





Mi lenguaje no sabe de inferencias
porque trae en la lengua los versos repetidos
untados de pretéritos,

de añoranzas,

de historias sin un simple
colorín colorado.

Sobre un mar que amenaza con dejar de ser denso
mis ganas ponen parches sobre parches

y el pensamiento traga 
un bocado de sal que no alimenta. 

Prometo las costuras 
en los bolsillos que antes resguardaban mi risa,

déjame que supure.

Necesito aprender a conjugar los verbos,

despegar los renglones del a priori

o reciclarme,

rescatar ese pedacito mío
que a veces - sin saberlo -

tú me recuerdas.

lunes, 8 de febrero de 2016

Morir o sanar en un desierto, de S Pressacco




El desierto es un símbolo de muerte,
de escasez, de imposibles, de vacíos
pero también metáfora 
de sanación.

Es llave abriendo paso entre la nada
para que se entrecrucen los extremos.

Ahí arden inviernos y se incendian los gritos,
se levantan tormentas de protestas
o se ofrecen indultos como oasis.

El sol alumbra o quema las ideas,
ilumina o nos deja agujeros en los ojos.

El silencio es presencia que nos presta su oído,
la soledad dialoga con el alma
impúdica y desnuda.

Se puede ser beduino acostumbrado
o la carne sabrosa ofrecida a los cuervos.

Allí descubres brotes y cortinas de lluvias
solo si eres capaz de supurar las heridas
después de los perdones.