sábado, 14 de mayo de 2016

Hacia adentro, de S Pressacco



Caminatas internas


A veces pienso que el camino hacia mi adentro no tiene fin porque cada vez son más los escalones que llevan a un fondo que no vislumbro.

El trayecto es confuso, tiene paredes y recovecos que desconozco, puertas clausuradas por el miedo y pequeñas ventanas que filtran algo de luz después de lograr arrancar las costras fabricadas por mi memoria. Contengo una cárcel habitada por monstruos muy antiguos que escupen reproches irónicos y no aceptan treguas. Creo que nunca podré liberarlos porque se reproducen como clones, todos tienen la misma cara cuando me clavan sus ojos y la misma lengua cuando pronuncian su verdad. 

Debo admitir también que en esas caminatas internas encontré pasillos de fácil y agradable deslizamiento. Saber que existen tal vez sea el motivo por el que regreso a mirarme desde la sangre.

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Así sobrevivo



Cada vez que intento dibujar palabras en un papel o sueño en los renglones de un libro me convierto en un ser demasiado sensible. Yo, que nunca perdí tiempo para escucharme, hurgo los calabozos con un lápiz mientras la niña que fui canta triste el estribillo de los sueños. 

Sé que soy masoquista en mi descubrimiento pero así sobrevivo. Necesito ser emoción desnuda, parir versos en horas robadas a esa que no quiero, a esa que no ve si no cierra los párpados para encontrarse consigo.


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Terminar con mis paradigmas



No puedo acudir a mis viejos ideales cuando fueron ellos precisamente los que me llevaron a una crisis. No puedo creer que esta vez serán eficaces y lograrán lo que antes no pudieron. 

Tengo que abrir mi mente a nuevas posibilidades porque de lo contrario estoy aferrada a una locura, al latido de suposiciones que agonizan.

Si los milagros son imposibles entonces debo encontrar la manera de construirlos, de propiciar una inseminación artificial para que nazca lo que deseo. El primer paso será apelar a esa mole destructiva que conforma la realidad y dejar que triture todos mis paradigmas, esos que siempre usé de escudo y ahora me hacen poner en el lugar de una víctima mal defendida, en víctima de mi misma.

Sé que es momento de generar una revolución en mi mundo, un vuelco “patas para arriba” , aceptar de una vez que el pasado no se resuelve –es incompatible- y que lo único que puede sorprenderme es el futuro.

Mi último plan será terminar con los planes.


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Una estalactita más


El universo esta lleno de estalactitas que respiran, variadas e indiferentes estalactitas que viven por su vocación de ser hielo. Es curioso porque se amontonan pero no se rozan, y si lo hacen es para construir grandes bloques de más frío. 

Vislumbré el filo peligroso de sus lenguas cuando comprendí los códigos de su verdadero idioma. Confieso que fue después de  dedicarles muchas horas de insomnio y rezo a sus historias de víctimas y de verdugos.

Desde un principio, una raya separaba nuestras formas de ser. No la advertí entonces, como tampoco advertí que los ojos inexpresivos estaban atentos a que mis caricias mantuvieran distancia o solo la cruzaran con el afán de recomponer sus egos.

Nunca querré ser una de ellas aunque imite la postura que mantienen en la cueva del mundo, aunque calle ante ellas como no acostumbro hacerlo ante los demás, aunque adivine que me aceptan porque les convengo. Nunca seré una de ellas porque detrás de esa línea que ahora crece para hacerse un muro, hay gente que no vale ni uno solo de mis gestos.

En su paisaje me verán como una estalactita más.