viernes, 18 de septiembre de 2015

Una brisa interna, de S Pressacco



Yo le escribo al amor
aunque sea una asíntota imposible
que escape al infinito sin promesas.

Yo le dibujo soles a mi voz sin ventanas
para espantar las sombras que la absorben

también reciclo versos de otras épocas
y paro los relojes del regreso.

A veces los misterios me seducen
apenas conociendo las certezas

y transito el camino de mi sangre
para que se presenten mis adentros

porque soy un enigma sin axiomas,

una piñata llena de sonrisas vacías,

el motivo de un verso nunca escrito.



No sé por qué a veces 
descubro entre las líneas retazos de mi historia
-esos que no son negros pero tampoco azules- 

me visitan capítulos como diapositivas,

se abre una dimensión extraña en donde
esquivo objetos viejos que regresan
con la intención de que esta vez los mire. 

Me golpea una lluvia de pasados
que refugia a mi yo en zonas aburridas
mientras mis dedos toman el control.
Ellos hablan idiomas que no entiendo,

dialogan con fantasmas vestidos de reproches

y le ponen un nombre a mi sentir.

No guardan los secretos- me delatan-
sin explicarme antes lo que soy,

raspan con insistencia mi memoria

y escriben lo que nunca imaginé escribir.




Mis versos son otoños sedentarios
llenos de pájaros que siempre huyen
y sombras que patean la muerte del paisaje

pero existe una brisa interna que amontona
las palabras no dichas,
-las protege de malas estaciones-

es una amiga dulce reparando mis cielos

y a veces por su magia 

germinan primaveras de mis manos
sin brotes grises.


Me basta con cerrar los ojos para
respirar un espacio que me envuelve

y sueño por la hendija de las letras.

Ellas describen siempre los paisajes

y hablan  de soles que habría olvidado

me devuelven  sonrisas que atesoro 

mientras sigo zurciendo

mil nubes caprichosas.