domingo, 20 de septiembre de 2015

A veces me traigo, de S Pressacco



Siempre busco a la nena
con las rodillas rotas, el rostro pegajoso
y en la boca ventanas de sonrisas.

Si la encuentro la traigo. 

Es como un junco blanco que habla con sus ojos
mientras amasa bombas de alegría
y recorre conmigo los espacios de antes

que no tienen rincones- nunca tienen oscuros-
tampoco tienen lágrimas que duelan.

Con ella vuelven las abuelas  dulces,
las cucharas ladronas en la fuente de postres,
algún punto perdido en la ropa de lana
y las medias rayadas arropando los fríos.

También traigo escenarios de mis cuentos
vestida de mi madre, con collares y tacos, 
y los labios hinchados de besos invisibles.

Traigo -con la pequeña- los cielos encendidos
que nos lanzan las luces que no caben
mientras los grillos cantan en coros de protestas.

Retornan las piruetas de los bichos bolitas
y las latas usadas se llenan de lombrices,
de caracoles gordos, 
de terrones y arena

mientras ponemos nombre a las semillas.

Y regresan también las tapas de cuadernos
con poemas y corazones rosas
y mis ojos se pegan al vecino 
que nunca sospechó 
ser el papá de todas mis muñecas.

Traigo -con esa niña- una piel de veranos
sudando menta, sol y mandarina
y en los pies llevo pliegues pintados por arroyos 
que me regalan mica y peces orilleros.


Cuando traigo a la nena 

siempre me nacen prismas en los ojos.