sábado, 18 de julio de 2015

Duelen los brazos, de S Pressacco





A veces me pesa 
-me pesa mucho-
sostener el estandarte de mujer segura.

Es un rol que me somete

y un rol demasiado cómodo
para quienes me lo han asignado.

Y me duelen los brazos

y se me quiebran las uñas

y mi rostro no es mi rostro
-inexplicablemente desaparece-

Detesto el momento en que pierdo las ganas
-esas ganas sinceras- 
de dibujar las sonrisas que me enseñó mi viejo,

me odio cuando me confundo con un inquilino más
de este mundo depresivo,

me enoja esta persona que soy,
una persona que padece siendo el epicentro constante
de un terremoto que no es suyo.

A veces ruego
-solo a veces-
que la tribuna deje de gritar mi nombre,
que un libro se abra en la página de las recetas
y que esas recetas generosas 
-de una buena vez-
me conformen.