domingo, 5 de abril de 2015

El desencanto, de S Pressacco




Nadie me dijo que debía quedarme inmóvil
o sacarme los ojos para avanzar,

que la figurita repetida es el egoísmo
y que romper la monotonía 
es una rebeldía imperdonable,

que es una máquina el cuerpo
y debe ignorar las emociones
para ahorrar energía,

que los finales están estipulados

-ya no habrá sorpresas-

Nadie me avisó
que las alas molestan con su agite
despeinando a los prolijos de turno,

el vuelo de los pichones los provoca
por eso coleccionan sus plumas.

Nadie me dijo que llevara las manos en los bolsillos
para cuidarme de los sensibles roces,

que cosiera con miedo mi boca 

y usara en mis oídos
hisopos de indiferencia 
para no conmoverme con los gritos de otros,

que lo mejor sería anestesiar el cerebro.

Nadie,

nunca nadie me dijo

que me había equivocado de planeta.