miércoles, 26 de noviembre de 2014

Cuando no sea yo, de S Pressacco


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Mientras tenga un motivo que ampare mi sonrisa
preservaré la esencia siendo espera.
Serán fáciles todas las pendientes
sabiendo que al final estarás como abrazo.

Cuando no haya reflejos racionales 
o me conforme con respuestas tontas
y nada me rebele, ya no seré la misma;
seré mitosis de un desconocido, 
una bifurcación de raíces extrañas.

Cuando la luz no juegue
trazando la silueta de mi mundo,
cuando la sombra sacie 
su hambre en lo conseguido
y no me importe, en algo habré mutado;
un ser sin percepciones.

Cuando no sienta ganas de abrigarte,
cuando el deseo haya sucumbido
y no me movilices, seré un pozo oscuro,
apenas circunstancia que respira.

Y si ves que renuncio
y elijo el silencio, la quietud de mis ojos, 
será porque entregada espero al Minotauro
que venga por mi resto.

Mi secreto, de S Pressacco


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Y te siento,
una extraña me habita cuando llegas
en silencio para dejarme plumas
en el vientre.

      
Y te nombro,
y te escribo en las aguas 
para hacerte secreto
repitiendo tus versos por las noches
para dormir la sombra 
reposada en relojes de cadenas.

Y te declaro
el dios de lo profundo y de lo oculto,
el de las guerras, el de la pasión;
como fusión del fuego con la muerte 
porque incendias naciéndome de nuevo.

Me conoces 
como un inteligente cazador a su presa,
con la sabiduría de las águilas
que observan más allá de superficies.

Sugieres ángeles
sin embargo, prefiero arder bajo tus llamas.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Contigo será más fácil, (Manuel y Silvana - parte I)



Eres la diferencia en mi hecatombe,
el rayo disparado desde una matriz dulce.
Eres sencillamente quien mantiene despierta
la hoguera desde donde se aviva mi ave fénix.

Acuna esta tristeza haciéndome elemento,
haciéndome metáfora desnuda.

Simplifica promesas para vagar aún
entre asteroides, no será tan malo.
Si me acompañas sentiré tu fuerza
para desenredar determinantes
imposibles, colmados de principios.

Si estás, todo será
concretamente fácil.

(Silvana B Pressacco)

                  *

¿Cómo ser elemento
en la tabla de ti
sin aceleradores de partículas
que nos hagan materia
en un núcleo común
y química a la vez en lo distinto?

¿De qué modo vestir una metáfora
sabiéndote desnuda junto a mí,
temblor de nuestro mar
y ambos siendo espuma en los cristales?

Quizá sea preciso construir
cimientos en tu amor,
las raíces ocultas que sembraron
las manos de una diosa, sin más aspiración
que saberte mujer en alas de ave fénix,

la luz más pura al alba
y en mis noches el fuego.
(manuel  m barcia)

                   *

Siendo tan imperfecta me concedes
metáforas hermosas.

Déjame declararte axioma de mi lengua,
arista principal de mi poliedro,
el algoritmo lírico de mis noches
que derrumba con versos mis prejuicios
y me corona múltiplo común
de dos mundos opuestos.

Soy la abscisa rendida a tu ordenada
deseando germinar como fracción pequeña
de luz pura, que siempre te enamore.
         (Silvana B Pressacco)

                     *

Arde la geometría de tu cuerpo
la víspera de amor
que nos supo tan círculo de luna
y hasta plenitud.

No quieras recordarme
tras esa admiración
de luces transitorias que han pasado
cuando el tiempo se acaba.

Yo quiero de tu lengua
un idioma común,
un múltiplo de dos sin más bagaje
que nuestro desvarío temblando amaneceres
que den ritmo a los sueños
y música ambiental a tus poemas,

acaso porque yo
nunca supe orquestar
tan mágicos acordes
en tus inspiraciones.
(manuel  m barcia)

                     *

Me ubicas en el punto central de un universo;
siendo proyecto , siendo historia renovada.
Una historia de versos que abriga tu presencia
por ser antecedente y consecuente.

Mis pentagramas llevan la clave de tu nombre,
mis notas musicales suenan cuando me buscas
porque tengo un idioma sólo cuando me hablas.

Tus poemas abrazan evidencias,
la certeza absoluta de que hay extremos
que aplican propiedad distributiva.

Vivo una penitencia si enmudece tu boca
y muero en mis mañanas cuando sé que la luna,
en otras latitudes, me traiciona y te besa.

Mi admiración y el tiempo
nunca serán sucesos excluyentes.
           (Silvana B Pressacco)

                       *

Me gusta verte así,
culpable de sentir sin armadura
lo que habita el deseo,

la multiplicación
sin factores comunes
de una propiedad,
desórdenes de mí en tu producto.

Un signo de la duda
pretende ser asalto en el lenguaje
que derrama tu voz
haciendo que mi oído sea saliva

y tu sur regadío
que llueve los caminos de la boca.

Acaso en nuestra escala quiera el sol
ser nota dominante,
la ceguera después
en el fondo de un cráter,

refugio de la lava
cuando ardemos silencio.
(manuel  m barcia)

                      *

Cuando lo racional y las reglas me liberan,
cuando las sanguijuelas no tienen apetito,
me desplazo gateando sobre tu abecedario,
desordeno las letras y los tiempos verbales,
ando descalza, con el pelo suelto.

Soy deseo que fluye por las grietas,
un líquido caliente que divaga
por el globo terráqueo solo para encontrarte,
solo para creerse una bella durmiente
en la vasija blanda de tus manos.

Y si juegas conmigo,
me coronas metáfora en ese lapso breve,
me despiertas con besos de un letargo.
               (Silvana B Pressacco)

                      *

El álgebra, la química, tu ardor,
contar es infinito...

¿Y si fuéramos juntos la unidad,
ficticiamente así
lo innumerable?

Arquímedes, Hipatia, Galileo
y otros muchos también
tuvieron por amor
la hipótesis de un sueño sin final
antes de ser Eureka.

Es más fácil contigo
el ámbito irreal de los tiempos versales,
liviana,
a pelo suelto,
te hallo solución de lo intangible
y balanza en los dos,

sin equilibrio casi
mientras somos materia.
(manuel  m barcia)

                      *  

Las conjeturas siempre abundan en los rieles
de mi máquina antigua que es signo de pregunta
y un medio inapropiado para las reflexiones.

No quiero ser hipótesis contigo
porque somos certeza
donde la masa es siempre relativa.

Somos pareja de ecuaciones puras
armadas con parábolas celosas de secantes.
Una indeterminada en el amor.

No sigamos hablando de imposibles
porque desde tu origen asomo semirrecta
caprichosa y hambrienta de infinitos.
           (Silvana B Pressacco)

                       *


James Watt ya supuso
la energía del agua
cuando somos calor.

También que por el aire
el viento es reacción y permite volar
las máquinas de luz
sin contrapesos.

¿Para qué calcular
los pasos que nos llevan
al destino del fuego?

A veces llueve y basta,
en nuestras estaciones
yo te cumplo verano,

primavera si quieres caricias bajo el sol
haciéndonos finitos.
(manuel  m barcia)

                      *


Si el destino es el fuego,
si me prometes signos de sorpresas
cuando sólo olfateo en los rincones
las respuestas a todas las preguntas,
entonces soltaré los vagones, el peso,
apostando a la inercia.

Apartaré la lógica, todo lo deductivo,
a los coeficientes que agrandan la varianza
y volveremos al binomio aquel
que inició este idilio y conoce de abrazos
trayendo primaveras.

Para atrapar tu imagen desde atrás del océano
situaré grandes lentes en los valles y cumbres
así cada mañana tus besos me despiertan.

Y contaré los pasos a tu cuerpo

la noche se hará cómplice
robándole las horas a los días.

      (Silvana B Pressacco)


Gracias Manuel!!! 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Consecuencias , de S Pressacco






Esa tarde en particular usé el auto de mi padre para ir al trabajo. Recuerdo que era un auto llamativo, de un intenso color rojo.

Como siempre, después de cumplir las horas de clase en el nivel medio, me disponía a pasar por la escuela primaria para recoger a mi hijo Mariano y así, juntos, regresar a casa donde mi madre cuidaba a la menor de mis hijas. 

Antes de salir de la institución me detuvo la directora para ordenarme que asistiera a una reunión donde los docentes de una división debíamos resolver una situación problemática. Según ella, la presencia era obligatoria y después del timbre del recreo debía instalarme en la sala de profesores junto al resto de mis compañeros. Le expliqué la urgencia que tenía por estar al momento que mi hijo saliera de su escuela y que ni bien terminara de acomodarlo en mi casa, regresaría. Con los labios fruncidos demostrando el desagrado que le provocaba mi excusa, jugó unos segundos con su reloj de pulsera y sin mirarme me dijo, secamente, que tenía diez minutos para atender mis quehaceres domésticos. 

Desde ese momento, mis recuerdos se proyectan como si se tratara de una película, incluso me veo protagonista obediente, corriendo hacia el auto, lanzando insultos por lo bajo y acomodando los útiles en el asiento de atrás para no demorar al ubicar a Mariano. Me veo impaciente revisando el reloj del tablero mientras disminuyo el volumen de la música que sonaba en la radio como un disco puesto en una revolución equivocada.

A gran velocidad tomé la calle menos transitada que me llevaba a mi primer destino. Mi hijo me esperaba en la vereda tomado de la mano de su señorita. Parecía más pequeño en ese lugar vacío. 

Sin pérdida de tiempo, lo ubiqué en el auto, en el asiento del acompañante. Por esa época se consideraba los cinturones de seguridad unos adornos inservibles.

Durante el viaje, Mariano permaneció quieto mirando siempre hacia su ventanilla y yo no insistí con preguntas porque supuse que no quería exponer sus pestañas húmedas. Era la primera vez que regresábamos a casa sin emitir ni una palabra, sólo el estribillo de una canción pegajosa parecía cambiar la letra para repetir una y otra vez los reproches que él no me hizo. También fue la primera vez que al verme llegar no embadurnó mi mejilla con sus labios de caramelo.

No llegamos a casa. Tampoco llegué a la reunión que se pudo llevar a cabo sin mí. Un camión fue el impedimento, un camión al que le llevó treinta metros para frenar mientras arrastraba la lata roja que nos alojaba. Recuerdo esa parte de la cinta en cámara lenta, los vidrios picados caían sobre nosotros mientras todo giraba. Fueron segundos, segundos hambrientos de nuestras vidas.

Cuando el auto se detuvo, alguien abrió la puerta del lado del acompañante y nos encontró hechos un ovillo de carne bajo la guantera. No sé cómo llegamos allí, en qué momento decidí soltar el volante y pegarme a Mariano. Me resulta imposible explicar hasta hoy la sensación que me recorrió después de palpar su cuerpo y comprobar que estaba ileso, una sensación que puso su carita como ícono del momento porque me dedicó una sonrisa mientras regresaba a mi abrazo. 

Un amigo que presenció el accidente se llevó a mi hijo a casa y mientras yo esperaba que llegara la policía y el fotógrafo del seguro, me rodearon los curiosos. Para todos, dentro de la chatarra humeante, estaba a salvo la protagonista de un milagro verdadero.

Unos minutos después comprendí que tenía una fractura en el pie, producto tal vez de la maniobra que hice para cruzarme de asiento o de la fuerza para frenar lo que nunca pude frenar.

En mi casa recibí la visita de la directora. La atendí sentada en un sillón, con la bota de yeso recién hecha reposando sobre una silla. Se mostró preocupada y la vi sincera. Me dio los detalles de la reunión que para ella había sido tan importante y agregó sentirse culpable porque sus exigencias, de alguna manera, habían acelerado el auto. No se lo negué, ni siquiera la miré porque tenía las pestañas húmedas de bronca.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Existir entre versos, de S Pressacco

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He conocido apenas las caricias que dices,
las letras habitaron mis estructuras rígidas.
En las reparticiones de mis horas
no podía quedarme con los restos
y ahora, que conozco tus poemas,
el infinito deja de ser una abstracción
porque en tus dedos el abecedario
completo participa de una orgía,
y allí se reproduce.

Recién ahora entiendo tu mente irracional,
mi espejo me devuelve solo una cifra exacta
o un número quebrado de los más aburridos.
La magia de tu mundo me apasiona
más que las paradojas matemáticas.

Me hablas de una existencia entre mis versos
y olvidas que en mi mente siguen sonando tablas,
olvidas el perfecto " uno más uno es dos"
y que recién vislumbro más allá de la zeta.

Si fueras aritmética
serían conjeturas todas las propiedades
porque las estructuras morirían de amor
al despejar tu versos.


martes, 18 de noviembre de 2014

Despertar, de S Pressacco

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Despierta mi costado diminuto,
lleva los ojos largos después de tanto invierno
y escapa de la cuna que abrigaba imposibles.
Lo sacudieron unos versos blancos.

La soledad no tuvo más lugar,
de pronto todo se llenó de letras
con las que decoramos juntos flores
y hojas secas de otoño.

Nunca será mentira 
el enunciado de algún teorema
y nosotros no somos una hipótesis.

Acaso no es real tu cerca lejanía,
esa mirada pícara que toca 
y esas manos presentes 
que besan con sus dedos.

Acaso sin oscuros serías como eres.

Acaso yo sería poeta sin tu néctar.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Contigo será más fácil, de S Pressacco


stay




I

De pronto las salidas se me esconden
detrás de raros muros que crecen en las calles. 

Mientras el sol burlón se muda hacia el oriente
para llevarme repetidas veces
a las coordenadas de tu nombre,
mi compás sigue haciendo pie en la misma sentencia
y el radio empequeñece acercando el infierno.

Nunca supe tomar atajos de mentiras
y las alas están presas por mi condena.


II

No sirven las tangentes porque fui atravesada
por la lanza secante que me instala en el centro.


Es inmenso el vacío de este sitio 
donde soy diminuta y no sé de ecuaciones
una tonta, un punto apretado en la celda
que apoya sus paredes en mi espalda.


Pero a veces sonrío, me conmuevo
con la visita dulce de una brisa
que atraviesa paredes y barrotes
con sus versos, y ya no siento frío.


III


A veces soy verdugo de mi propia conciencia,
la lastimo buscando el equilibrio 
como si fuera un péndulo rebelde 
que elige los extremos y no reposa nunca.


Ya no quiero mi rótulo de cuerda
-se la pasa mejor simulando lo opuesto-
deseo llegar tarde sin sentir nuevas culpas,
callarme cuando tengo que hablar por los demás
y mirar hacia abajo para que no me lean.

Necesito un abrazo agudo ,bien estrecho,
olvidemos catetos, hipotenusas sosas,
porque son muy correctos.
Necesito desorden, un ángulo distinto.


IV

A tu lado me atrevo 
a ser binomio de variables locas.
Me atrevo a ser potencia de una resta
y metáfora de un poema triste.

Enciérrame en paréntesis; así, sin depejarme.
Acompaña a mi número con tus letras fecundas
y ahoga los oscuros con todas mis incógnitas.


V

Nunca serías cárcel si eres un mano santa
que me alisa las alas soltando algunos versos.

Eres el exponente que sostiene,
el minuendo gigante que minimiza restas
y a tu lado, tal vez, olvide ser un monomio.

Apenas imagino soltarme de estructuras,
sólo sé resolver inecuaciones de hambre,
ser la recta prolija que desconoce cambios.

En una tabla de valores viejos
tengo casillas blancas esperando su turno
y un conjunto egoísta de demandas

que nunca practicó la propiedad recíproca.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

No puede ser amor, de S Pressacco




Siempre vuelve el sonido de mi marcha,
regresa con reproches, para martirizarme.
Fueron pasos pequeños que escondían las dudas
y se hicieron ruidosos para mostrar mi enfado.
Después, cuando tu voz no los detuvo, 
siguieron por inercia pisando la esperanza. 

A veces aparece tu figura
detrás de los cristales.
Entonces descreída los ensucio, te oculto
y al rato desespero, los limpio para verte. 

Otras veces me araño buscándote hacia dentro
deseando supurar el hambre que provocas 
y amputar a la tonta que sigue reprochando
todo lo decidido mientras callo y escondo.

Y parece que todo se me opone;
las lágrimas que niego, los aromas,
las sábanas de escarcha en un lecho prolijo 
y los brazos cansados de contener recuerdos 
que no me sirven pero nunca arrojo.

Solo tengo de amiga a mi razón, 
ella asegura que el amor sincero
sortea las distancias pintadas con orgullo.

Aunque duela admitirlo, no es amor, no lo es.


martes, 4 de noviembre de 2014

Soy simple, de S Pressacco









Admiro la luz blanca que abriga los colores
que conforman su esencia pero les da su brillo,
sin embargo me escondo en rincones oscuros, 
cuando busco perderme en lo que no comprendo.

Prefiero las verdades por más duras que sean
y no un halago falso cargado de egoísmo
o un suspiro errante vacío de caricias.

No conozco el silencio cuando defiendo causas
porque mis ojos siguen hablando sin modales
y aunque no me defino mala ni rencorosa
tengo buena memoria y escapo de traidores.

A veces soy ingenua creyendo en utopías,
en personas y excusas, en perdones absurdos;
soy severa conmigo y no delego nada.
No aprecio los matices y amputo los dolores 
cuando los padeceres se nutren de mi risa.

Soy transparente, simple, tan simple como digo.