domingo, 20 de julio de 2014

Reclamo, de S Pressacco

Las etiquetas más populares para esta imagen incluyen: wolf, animal, black and white, nature y beautiful

Eras una visita nacida del milagro
una estela  radiante disfrazada de nena
que traía  puñados de alegría.

Eras un sueño frágil                                        
y el sol se mantenía arrodillado
para no despertarme con su brillo.

La magia concedida fue ladrona
astuta y demandante de tu  niñez  prestada.

A veces me confunde  este dolor
y lo hago más intenso si se puede;
trituro con mis manos los espejos
 incapaces de darme tu figura,
me sumerjo  en las aguas  de añoranzas
para cortar el vientre de  los mares
que tragaron  celosos tu reflejo

y en mis sueños reclamo tu presencia

como una loba ciega reclama por la luna.

sábado, 19 de julio de 2014

Nuestro idioma, de S Pressacco


Las etiquetas más populares para esta imagen incluyen: love, couple, kiss, boy y girl

Me gusta el silencio con el que me hablas
esa mirada quieta que me absorbe,
la sonrisa torcida que dibujas
cuando te hacen cosquillas las palabras que callo.

Me gusta nuestro  idioma  sin vocales
desde que fallecieron las metáforas
y los verbos prescindieron del tiempo.

Me gusta  que enmudezcan los gemidos

ansiosos  del aliento que me lleva a tu boca.

domingo, 13 de julio de 2014

Ventajas de tener un hermano varón, de S Pressacco

photography by jake olson picture on VisualizeUs. Most popular tags for this image include: love, cute, girl, kids y boy


Crecer al lado de un hermano varón me ha favorecido. Creo que las mujeres que tenemos ese privilegio, tarde o temprano terminamos reconociéndolo.

Compartir la niñez con un hermano permite conocer las caras de los dos géneros y transgredir los límites empapándose de ese mundo al que no todos tienen acceso. Yo tuve acceso, tuve la oportunidad de compartir juegos torpes y más entretenidos que conversar con muñecas mudas, aprendí a portar armas de plástico como una experta y a improvisarlas con un palo cuando no las tenía, a poner cara de póquer, a mentir y comunicarme con las señas del truco. En educación física era una de las mejores entre mis compañeras porque estaba acostumbrada a correr en el campito detrás de la pelota y había adquirido la habilidad de un gato por mi hábito de trepar a los árboles.

En el juego con mi hermano descubría otro sabor; creo que se debía a su desparpajo, a su qué me importa cuando levantaba los hombros y su mirada celeste "de loco" me invitaba a la travesura. Había códigos entre sus amigos que me hacía compartir y también estaban los exclusivamente nuestros.

Según el horario, el clima y las circunstancias teníamos aventuras que no se planeaban porque estaban institucionalizadas, eran sabidas e incluso esperadas. Los días de lluvia mirábamos por la ventana mientras mamá tejía en silencio y cuando ella asentía con la cabeza disparábamos hacia la puerta, hacia la vereda del barrio a juntarnos con los demás. Por lo general armábamos batallas de barro para terminar chapoteando en alguna laguna donde hacíamos flotar nuestros barcos de papel. En las noches la rutina era jugar a la escondida y en la fiesta de San Juan empujar arbustos incendiados por la calle menos transitada. Antes de dormir, como si se tratara de un rezo, mi hermano me llamaba desde su cama y me tomaba oralmente la formación de nuestro equipo favorito de fútbol mientras señalaba a los jugadores en una lámina que mantenía pegada con cinta a la pared.

La siesta era el momento que más compartíamos y antes de que llegara la hora en la que nos permitían salir a la calle ideábamos planes para que el barrilete que armáramos fuera más liviano o para que la vecina no nos descubriera cuando invadiéramos su patio para robarle las mandarinas más ricas de la zona.

Creo que mis padres, principalmente mi mamá, se fueron preocupando con mi desenvoltura en el grupo de muchachos y de las formas que los años le iban dando a mi cuerpo. A pesar de que nunca me negaron esos juegos abiertamente, comenzaron a retenerme para hacer labores “propias” de las mujeres. Los sábados mi papá me pedía que le cocinara una torta y cuando sacaba la obra del horno mi compañero de juegos ya estaba transpirando por el barrio. Mis horas libres de a poco se fueron ocupando con tareas que no siempre me gustaban, tomaba clases de danza española cuando yo prefería zapateo americano, cursos de dactilografía y hasta de costura. Si bien adoraba el deporte de equipo, el roce y la competición terminé con una pollerita blanca diminuta en una cancha de tenis concurrida por gente de “cogotes estirados”.

Tuve la suerte de tener una amiga que se anotaba en todas mis locuras. Así, en los momentos de ir a tomar clases de corte y confección me escapaba a su casa y entre las dos adelantábamos la labor que estaba haciendo para después dedicarnos a lo que realmente nos gustaba. Recuerdo que en las ocasiones en que mi tío me prestaba su auto salíamos por las calles de tierra para hacer picaditas y volvíamos con el olor a caucho quemado impregnado en las fosas nasales. Otras veces a la salida del colegio nos escapábamos al autódromo de las afueras del pueblo para correr carreras imaginadas.

Ahora, después de los años y de revisar mi vida comprendo lo feliz que fui y cómo he transmitido esa forma de ser a mis hijas. Si contemplo las fotografías de sus infancias siempre las encuentro metidas en los juegos de su hermano mayor con las caras sucias y las rodillas peladas.

Creo que mi formación permitió criarlas sin los prejuicios y miedos que muchas de mis amigas aún mantienen. Mis hijas tratan con los del sexo opuesto con naturalidad y libertad. Recuerdo una ocasión en la que una de ellas vivió la experiencia de cruzarse con un exhibicionista. Su reacción sorprendió a sus amigas que no dudaron en correr y avergonzó al degenerado que terminó escapando de su carcajada espontánea y ruidosa. Cuando le pregunté qué había motivado la gracia me confesó: es que era tan feo lo que mostraba que pude entender que mi hermano lo quiera ocultar.

Con el tiempo uno aprende a comportarse como se espera que lo haga una señorita aunque el aprendizaje suponga un sacrificio muy grande. El sacrificio de soltar la mano del mejor amigo de la infancia.

domingo, 6 de julio de 2014

El futuro va perdiendo, de S Pressacco



                                




A veces se preguntaba  para qué  nacía la gente. No le encontraba sentido llegar al mundo  para conocer el sonido de las tripas y el gusto amargo en la boca. Una boca  llena de dientes que no usaba.

Su vientre era un  planeta de gritos y las rodillas unas  estacas que  lo inmovilizaban en el  desierto. Un desierto habitado de esperas. 

 Ignoraba lo que había más allá de las arenas y si bien alguien se lo había contado su imaginación no le alcanzaba para entenderlo. Desconocía la maldad, el egoísmo y hasta la envidia. Desconocía lo que era ser niño porque los pechos de su madre se vaciaron rápido.

Sus ojos tenían el color de la ilusión jamás concebida, el  mismo tono de  la renuncia.  Estaban quietos  y húmedos presenciando la batalla de todos los días en donde el futuro perdía contra el hambre.

Era como un ángel sin explicaciones  por eso  miraba  con frecuencia al cielo.

viernes, 4 de julio de 2014

Audio de "Te llamo, amiga" por Julio Casati

Programa de radio "Las horas contadas"  Gracias nuevamente amigo, por poner tu voz a mis cositas.

Te llamo, amiga... ( 1:12:00 )

[audio="http://www.ivoox.com/horas-contadas-programa-228-viernes-4-julio-de_md_3285921_1.mp3"] <a href="http://www.ivoox.com/horas-contadas-programa-228-viernes-4-julio-de-audios-mp3_rf_3285921_1.html" title="Las horas contadas-programa 228-viernes 4 de julio de 2014">Ir a descargar</a>

http://www.ivoox.com/horas-contadas-programa-228-viernes-4-julio-de-audios-mp3_rf_3285921_1.html

martes, 1 de julio de 2014

Sin patria, de S Pressacco



Wedding dress :3


La verdad se desnuda en los silencios
cuando mis dedos sueltan las palabras
que sin saber escondo en mis discursos.

No sé reconocerme en lo que escribo
porque mi voz fue siempre el estandarte
y ahora una poeta pide patria.

Algo se me desprende, tal vez sea la esencia
que transita callada por un puente de versos
en busca de una tierra que le ofrezca cobijo

Impuse un vacío, de S Pressacco



No hablemos de regresos.

Perdimos las huellas de nuestros pasos
cuando no coincidieron en la magia.

No hallaremos salida en ningún laberinto
porque comí las migas y borré los carteles.

No formules promesas,
es absurdo que sangren tus rodillas
si no hay santa ni altares que te escuchen.

Se apagarán tus ruegos flotando en el vacío,
un vacío que impuse para callar mi llanto.