miércoles, 27 de agosto de 2014

Comunidades de egos, de S Pressacco

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El mundo es un paisaje de utilería que se desmantela fácilmente, pero los seres que lo habitan lo prefieren de cartón. Seres que amando las tragedias hacen fila para sentarse en la primera butaca  y, cobijados  en sus banderas,  duermen  la comodidad del egoísmo. Son los mismos que opinan sin comprender un solo acto de la obra. 

La historia no debería llamarse historia cuando se repite, porque la humanidad nunca deja los campos de mentiras, nunca deja  los errores detrás sino que los reinventa y siembra excusas para convencerse de que sus objetivos se escudan en los valores.  La historia de la humanidad es un trazo recorrido una y otra vez con un lápiz filoso y oscuro que mantiene las heridas incurables.

El hombre  podría cambiar el escenario incendiando las diferencias con los otros hombres. Podría dejar de malgastar el agua con la que lava sus manos. Podría hacer mucho pero se conforma con armar comunidades de egos definiéndose como un ser social.

Alguien me arañó las pupilas y  pude ver detrás del montaje que la realidad es una mezcla de sangre y  dolor. 

Desde entonces, me arden los ojos buscando racimos de justicia mientras los harapos que respiran, sepultan inocentes en la tierra que defienden.