domingo, 6 de julio de 2014

El futuro va perdiendo, de S Pressacco



                                




A veces se preguntaba  para qué  nacía la gente. No le encontraba sentido llegar al mundo  para conocer el sonido de las tripas y el gusto amargo en la boca. Una boca  llena de dientes que no usaba.

Su vientre era un  planeta de gritos y las rodillas unas  estacas que  lo inmovilizaban en el  desierto. Un desierto habitado de esperas. 

 Ignoraba lo que había más allá de las arenas y si bien alguien se lo había contado su imaginación no le alcanzaba para entenderlo. Desconocía la maldad, el egoísmo y hasta la envidia. Desconocía lo que era ser niño porque los pechos de su madre se vaciaron rápido.

Sus ojos tenían el color de la ilusión jamás concebida, el  mismo tono de  la renuncia.  Estaban quietos  y húmedos presenciando la batalla de todos los días en donde el futuro perdía contra el hambre.

Era como un ángel sin explicaciones  por eso  miraba  con frecuencia al cielo.