jueves, 8 de mayo de 2014

Alguien que me vea, de S Pressacco



Alguien debe verme más allá de las hilachas.

Necesito alguien que atienda las heridas que parecen no curarse nunca. Alguien que no haga preguntas y no le interese conocer las apuestas que he perdido en la vida.

Necesito que sea un maestro del idioma más difícil para que me enseñe a pronunciar y comprender el perdón. Que me enseñe a respirar cuando esa palabra me abra la vaina del orgullo y por fin reconozca que la soledad nada tiene que ver con la libertad.

Quiero unas manos sosteniéndome cuando el mundo traga, unas cálidas manos secándome las lluvias. Esas lluvias que llueven desde mi carne y alargan mi sombra para que me abandone.

Deseo que en los ojos de ese alguien, el juez ya no me señale con un dedo y que la música de su voz haga interferencia con el eco de las culpas que se propagan aún en el vacío de mi botella.

Alguien debe aparecer en mi cuento, alguien que cambie la historia y traiga esperanza a las hojas. Necesito a Cupido apuntando con sus flechas, a un príncipe recogiendo mi zapatito de cristal o a un sapo besando mis labios secos.

Necesito que me vea ahora, antes de dar vuelta la página y leer la palabra “Fin”