jueves, 20 de marzo de 2014

Cambiar la escena, de S Pressacco

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La respiración sobre su hombro volvía cada noche en el escenario de su cama, por eso mantenía los ojos cerrados imaginando que el calor entre sus piernas y las manos que la recorrían eran efectos de un fantasma en sus pesadillas. Una vocecita interna la tranquilizaba diciendo que nada le pasaría si mantenía sujeto con fuerza a su oso panda.

Estaba cansada de repetir el mismo libreto a una audiencia desinteresada. Sólo el osito de peluche se iba deformando de miedo como en ella se deformaba la idea de ser niña.

A veces jugaba a encerrarse en un minúsculo mundo de sábanas donde era un gnomo difícil de encontrar o una guerrera invencible que lograría terminar con las injusticias y mostrar al mundo la cabeza chorreante del fantasma que según su madre existía sólo en su imaginación.

Esa noche también se mantuvo quieta esperando con los ojos cerrados.

Cuando él ingresó a la habitación lo hizo con el mismo silencio de siempre. Le arrebató el peluche y ella no tuvo fuerzas para ofrecer resistencia. El frío que entraba por sus venas recién abiertas fue creciendo mientras escuchaba el alarido.

El telón de sus párpados dejó filtrar la última luz, la suficiente para comprobar que su representación había logrado la atención de su familia reunida rápidamente en el cuarto por el grito del fantasma. Alcanzó a escuchar un sollozo, una negación rotunda aplastándola en el pecho e imaginó  su carta pasando de mano en mano mientras la verdad desmantelaba las murallas edificadas por su madre y sus hermanos.

Cuando cerró los ojos lo hizo tranquila. El fantasma no volvería.