martes, 17 de diciembre de 2013

Diciembre, de S Pressacco

                            



Diciembre es el mes que despierta las emociones que hibernaron durante el año para que mis obligaciones fueran prioridad, ellas se mantuvieron detrás de una puerta que mi celador racional cerró con llave.
Cuando llega, recorro sus múltiples estantes repletos de historias amarillas que llevan a la risa o al llanto, revivo fotografías de largas mesas bulliciosas donde abundan las comidas más sabrosas y algunas sillas vacías que se imponen sin los brazos alzados de brindis extrañados.
Huele a verano, a mar y piel bronceada, a libertad, es sinónimo de caminar descalza. No sabe de horarios, ni de fechas, como no le importa si es lunes, viernes o domingo me arrebata las rutinas y me zambulle a los escenarios que ofrece, siempre propicios, para vivir las aventuras más divertidas. También me obliga a reflexionar presenciando celoso cómo peso en la balanza los sacrificios, las renuncias y los fracasos.
Las mañanas soleadas me las presenta por ventanas abiertas a un paisaje que no disfruté antes y la agenda se pierde olvidada en un cajón en donde cayeron las prioridades laborales. Los espejos se despejan de los apuros y comprendo qué poco hice por mi apariencia.
De pronto aparecen personas que hacía tiempo no veía y puedo celebrar las reuniones tantas veces suspendidas; cualquier tarde es oportuna y sino la noche es ideal bajo un cielo siempre estrellado. En su tiempo sin relojes tiranos vuelvo al diálogo distendido, a las confesiones, al abrazo sincero, a las miradas detenidas que transmiten el amor, el perdón o la súplica.
Diciembre es un mes que explota mi sensibilidad; apenas se me aflojan los nudos de la espalda se me van formando otros en la garganta y después de la risa sincera en los brindis de Noche Buena busco el espacio solitario que me permita soltar las lágrimas también sinceras.
Paradójicamente es el mes que me trajo a mi primer hijo y en el que transitó su agonía mi padre.
Es un mes agridulce que tiene sobre mí poderes que otros desconocen. En él me libero y sin embargo me da el tiempo para enredarme en viejos dolores.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Atreverse, de S Pressacco

               
                  


En las sombras de un rincón perdía protagonismo la que había sido mi mejor consejera  durante mucho tiempo.

Con el pañuelo que había secado mis lágrimas le cubrí la mirada para que no me juzgara y sin hacerle costura a sus labios logré callarla llenando su boca con retazos de dolor.

La mujer diferente que me sonrió desde el espejo, estaba decidida a salir del laberinto prescindiendo de la que ahora gruñía y con hisopos de caprichos me cubrí los oídos para que ella, desde el silencio al que la había obligado, no me recordara los prejuicios.

Me dispuse a limpiar la cartera saturada de razones absurdas mientras el acelerado ritmo en mi pecho imprimía una increíble seguridad. En los bolsillos presioné al coraje que desbordaba y dejé espacio para la intuición porque había comprendido que las planificaciones aburrían y no garantizaban demasiado el logro de mis objetivos.

La observé nuevamente antes de cerrar la puerta; desde el rincón en donde la había dejado amordazada, movía la cabeza desaprobando. El nudo del pañuelo había cedido y me cuestionaba con su  mirada.

Los latidos me recordaron otras melodías y apostando todo por aquello que dictaba su ritmo contagioso, dejé sola a la Razón  murmurando lo que yo no quería ni estaba dispuesta a escuchar. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Inaccesible, de S Pressacco




Tu imagen está en todas las veredas, en las ventanillas de los taxis, en el bar revolviendo mi café que se enfría;  incluso puedo asegurar que  roza  mi  cabello o apoya la mano en mi vientre para retenerme al cruzar cualquier calle.

La ciudad me traga  en las sombras de cemento haciéndome minúscula mientras con mi soledad a cuestas peleo por un asiento en el subte o me abrazo a ella en un ascensor que suda estrés y prisa.

Deambulo buscando  ofertas o cuotas livianas  que hagan más fácil el pago de errores y te dibujas detrás de las vidrieras sosteniendo carteles que  recuerdan que es imposible. Te ves hermoso mientras retrocedes burlándote de mi esperanza.

En los balcones de mi desierto, tu ausencia  repite el porqué te fuiste. El paisaje de hollín y lágrimas  transmite frío como las sábanas que bauticé con tu nombre.

No supe apreciar lo que me regalabas y una frase arrojada desde la mentira  castiga con tu desapego. Ya no habrá  retorno, es inaccesible tu precio. 


SBP