domingo, 22 de septiembre de 2013

La promesa,de S Pressacco







En ocasiones creo que puedo encontrarte  en otras miradas, en un timbre grave de  voz y hasta en la rudeza de cualquier mano grande y áspera. Vuelvo a creer y sin embargo, cuando mis labios se depositan en otros labios, interrumpen el beso para gritar sin disimulo que perdí la cordura.

Hablo con mi cuerpo, le explico que debe aprender a obedecer como un perro abandonado obedece a cualquiera que quiera ser su dueño, que este sentimiento no puede ser eterno  pero no me entrego.

Enojada, memorizo y  mastico otro nombre para asimilarlo  pero termino poniendo tu foto en la almohada cuando me tiene. 

Me observas desde los rincones burlándote de mis intentos vanos y yo ya no busco establecer contacto contigo porque te irás sin palabras como otras veces lo has hecho.

Sigues imponiendo tu presencia aun siendo etérea, controlas mi vida que extrañamente no se fue con la tuya y, en contra de mi voluntad, sigo cumpliendo la promesa de amarte toda la vida a pesar de que nunca hablamos de qué sucedería si te ibas  primero. 

sábado, 21 de septiembre de 2013

Volví y sin embargo sigo allí, de S Pressacco

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Volví con mentiras, con heridas invisibles y una mochila vacía de buenos recuerdos. Volví envuelto en gritos de vientos, con la garganta seca de tantas palabras tragadas y los ojos llenos de frío.

Volví con los brazos largos de derrotas después de protagonizar una película de la que nunca firmé contrato.


Me encontré con proyectos inconclusos, en donde faltaban piezas que ya no me importaban. Vacío de ambiciones, sin fe, sin una oración.


Volví y los míos, nunca más me reconocieron.


Han pasado décadas y la película aún se proyecta. Tiene los colores del infierno y un sonido que duele. Es una historia sin premios y parece mi preferida.


Puedo continuar sin limpiar el fango que me habita. Puedo hacer presa esa sensación de seguir ardiendo después que  mis adentros fueron el objetivo de un bombardeo.


El dedo de alguien me señaló cuando apenas era un adolescente y me condenó a sobrevivir sin concederme el favor del olvido. 


Volví hace tiempo y ,sin embargo, sigo allí.



miércoles, 18 de septiembre de 2013

Invierno de esperas, de S Pressacco

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No es extraño
que en las calles un muro inmenso se levante
cortando la salida,
que en los relojes frenen las agujas
sin señalar la hora de tu marcha con prisa,
que en el cielo enojado
el sol se niegue a despertar sin ira.

No es extraño
que la pared sostenga tu fotografía,
todo se ha detenido
y la Tierra no gira
aunque un terremoto encuentra su epicentro
dentro del alma mía.

No es extraño
que observe las orillas
y en mis mares sin calma
las olas retrocedan intranquilas,


que en el aire las gotas se levanten
por ser lluvia afligida,


que los pájaros rompan los colores
y los vientos su risa.

No es extraño
que ahora la ventana se mantenga
abierta para recoger al frío
en mi invierno de esperas.

Tal vez vengas por mí,
cuando al final comprendas
sin dudas, sin palabras,
que también estoy muerta.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Huele a romero, de Silvana Pressacco

                    
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Cuando preparé mi equipaje no advertí que en los bolsillos llevaba los aromas.


Partí y en mi imaginación se alzó a mi espalda un gran muro que haría de frontera con mi pasado.



Dejé todo porque ya no me querían. Ya no alcanzaban los sentimientos ni para acompañarme ni para retenerme.

Los diálogos quedaron inconclusos y las personas, heridas por mi decisión. Yo me llevé verdades calladas. 

Sin decir adiós, comencé mi viaje en busca de castillos desprovistos de arena.

Aún hoy insisto en alejarme pero siempre encuentro algún atajo que me atrae o tal vez, sin darme cuenta, creo recorrer caminos rectos cuando en realidad son espirales concéntricos.

Quiero olvidar pero lo que dejé me persigue desmaterializado en las valijas. Duplico la distancia poniendo más aire pero siguen doliendo los aromas.

Escapé y la soledad se instaló como una mala compañía. Se obstina en perfumarse con romero mientras me contempla pintar paisajes vacíos de sierras y de arroyos.





sábado, 14 de septiembre de 2013

Sin destino, de S Pressacco



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Con tus brazos fuertes apretabas un montón de amor sincero. Tenías amarrada el ancla de mi corazón que se había enterrado conforme en las arenas de tu bahía. 

Descansaba sobre tu pecho de agua tibia mientras mi barca se olvidaba del horizonte, de las constelaciones y de otros puertos. Tus ojos me salpicaban de deseo y las olas de murmullos hacían que me desnudase. Eran días confundidos con las noches o eran noches que nunca amanecían.

La tormenta trajo a la playa la verdad y el paisaje se desfiguró. Los pájaros me visitaron con viejas fotografías pero odié su invasión como a sus picos sucios de recuerdos. Desde cubierta aprecié como se espantaron cuando rompí la confianza entre montículos de arena y le pedí a las olas que se llevaran sus pedazos muy lejos.

Bajo una lluvia salada luché contra el océano que se había tragado mi ancla. Las cadenas gruesas eran pesadas y se enredaban en las imágenes que mi memoria pintaba sobre el agua increíblemente verde. Las nubes oscurecieron el cielo para que la espuma fuera más brillante mientras escribía promesas. 

Seguí tirando de las cadenas con los ojos cerrados, no quería ceder, pero mi ancla no se movió porque estaba encaprichada en esas arenas.

Ahora navego sin puerto visible y no llevo ancla. Nunca pude desenterrarla. Arrastro eslabones de una cadena oxidada sobre un mar de desilusión. 

Mis ojos , que nunca divisan tierras nuevas, a veces buscan la confianza montada en las crestas de las olas.

Mi barca se niega al regreso y pone distancia entre mi ancla y mi razón.



martes, 3 de septiembre de 2013

La herencia intacta, de S Pressacco

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Las líneas del tiempo se pintaron simétricas alrededor de tus ojos pero nunca lograron deslucir la luz de su picardía. Los años que se iban colgando de tu frente apenas pudieron refugiarse en surcos débiles y paralelos, porque nunca los mal alimentaste con preocupaciones. 

Aprendí mucho de vos; pero no tuve el tiempo suficiente para agradecer. Hubiera querido más horas a tu lado, viejo. 

Me salpicaste con tus experiencias desde pequeña y ocupé un lugar importante en todas tus decisiones. Me dejaste como herencia el coraje para enfrentar  la vida, me enseñaste a sonreír desde adentro , a sacar afuera lo que duele y a expresar sin vergüenzas lo que siento. Aprendí a quererme cuando me sentí tan querida en tu abrazo. 

Tus manos siempre estuvieron abrigando  las mías mientras tu espalda hacía de sostén para impedir mis posibles golpes. Me entregaste tus ojos cuando los míos eran dos huecos y aprendí a ver con optimismo. Aprendí- como vos decías- a descorrer los velos.

Cuando me sorprendiste con tu repentina partida, el calor del hogar resultó insuficiente. A veces  arde el frío, quema, pero ya no me lastima. En ocasiones me encierro entre mis propios brazos para reemplazarte, para sacar el aire que me sobra. Extraño tanto ser la princesa de tu cuento.

Desde el espejo, una mujer me sonríe con las mismas líneas en los ojos, tan parecidos a los tuyos. Sonríe mientras anhela dejar a sus hijos tu herencia intacta.

domingo, 1 de septiembre de 2013

La mejor discípula, de S Pressacco




Escapa de tus labios, la pronuncias con soltura y convences a pesar de que sé que es una nueva mentira. Es tan fácil para ti mantenerla y tan absurda mi reacción que termino siempre igual, defendiendo la inconmensurable irrealidad en la que estoy ahogada.

Mientes y la piel me traiciona haciéndose tu cómplice. Susurras y me desprendo de las razones que hasta hace un instante me convencían. Besas y siento cómo calmas mis sentidos, abro el puño y vuelo ¿en qué nube mantienes a ésta dócil prisionera?

Tus manos  saben recorrer 
mi cuerpo y él está empecinado en contradecir a  la razón que ya suena ronca.   Tus excusas son el estandarte que llevas pintado en la frente y acorde a las circunstancias es siempre certero porque expone lo que barre mis dudas en segundos. Pero sé que se multiplican en un rincón, se amontonan, sólo se apartan pero siguen naciendo.

No puedo desmontar de esta nube cálida que es de un gris uniforme. Llueve por dentro y su energía provoca tormentas de verano que desorientan. Resucito entre aromas de flores mutiladas; escuchando acordes que desentonan, que cantan una realidad que no quiero.


En soledad y sabiendo de tu retorno, ruego que te demores para convencer a toda mi sangre que puedo prescindir del paisaje que pintas. Quiero mostrarle un valle que huela a pimpollos recién abiertos y que cuando lo acaricie no se le manchen los dedos con óleos ni con témperas.

Debo inventar farsas para salir airosa de la nube que me tiene presa, aprender de ti para ser la mejor discípula. Necesito juntar fuerzas que me escuden de tus ojos para que cuando ellos se claven en los míos pueda pronunciar la mentira más difícil; esta vez mi adiós debe sonar seguro y definitivo.