sábado, 14 de septiembre de 2013

Sin destino, de S Pressacco



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Con tus brazos fuertes apretabas un montón de amor sincero. Tenías amarrada el ancla de mi corazón que se había enterrado conforme en las arenas de tu bahía. 

Descansaba sobre tu pecho de agua tibia mientras mi barca se olvidaba del horizonte, de las constelaciones y de otros puertos. Tus ojos me salpicaban de deseo y las olas de murmullos hacían que me desnudase. Eran días confundidos con las noches o eran noches que nunca amanecían.

La tormenta trajo a la playa la verdad y el paisaje se desfiguró. Los pájaros me visitaron con viejas fotografías pero odié su invasión como a sus picos sucios de recuerdos. Desde cubierta aprecié como se espantaron cuando rompí la confianza entre montículos de arena y le pedí a las olas que se llevaran sus pedazos muy lejos.

Bajo una lluvia salada luché contra el océano que se había tragado mi ancla. Las cadenas gruesas eran pesadas y se enredaban en las imágenes que mi memoria pintaba sobre el agua increíblemente verde. Las nubes oscurecieron el cielo para que la espuma fuera más brillante mientras escribía promesas. 

Seguí tirando de las cadenas con los ojos cerrados, no quería ceder, pero mi ancla no se movió porque estaba encaprichada en esas arenas.

Ahora navego sin puerto visible y no llevo ancla. Nunca pude desenterrarla. Arrastro eslabones de una cadena oxidada sobre un mar de desilusión. 

Mis ojos , que nunca divisan tierras nuevas, a veces buscan la confianza montada en las crestas de las olas.

Mi barca se niega al regreso y pone distancia entre mi ancla y mi razón.