lunes, 16 de septiembre de 2013

Huele a romero, de Silvana Pressacco

                    
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Cuando preparé mi equipaje no advertí que en los bolsillos llevaba los aromas.


Partí y en mi imaginación se alzó a mi espalda un gran muro que haría de frontera con mi pasado.



Dejé todo porque ya no me querían. Ya no alcanzaban los sentimientos ni para acompañarme ni para retenerme.

Los diálogos quedaron inconclusos y las personas, heridas por mi decisión. Yo me llevé verdades calladas. 

Sin decir adiós, comencé mi viaje en busca de castillos desprovistos de arena.

Aún hoy insisto en alejarme pero siempre encuentro algún atajo que me atrae o tal vez, sin darme cuenta, creo recorrer caminos rectos cuando en realidad son espirales concéntricos.

Quiero olvidar pero lo que dejé me persigue desmaterializado en las valijas. Duplico la distancia poniendo más aire pero siguen doliendo los aromas.

Escapé y la soledad se instaló como una mala compañía. Se obstina en perfumarse con romero mientras me contempla pintar paisajes vacíos de sierras y de arroyos.